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Dos formas de explosionar el proceso analítico. El analizante se sale del marco, incapaz de mantenerse. Interrumpe la sesión, la transferencia, el trabajo. Cuestiona la escena y los roles. Deserta de la palabra o el silencio y salta a la acción. Según la radicalidad de este impulso, se trata de un paso (o pasaje) al acto o un acting out.
Dos términos que tienden a la confusión por sus equivalencias terminológicas. Para salvar la diferencia, podría pensarse en una red flag (el peligro que desencadenan ambos) que los separa: la gradación. El pasaje al acto es más peligroso que el acting out.
El paso al acto (passage à l’acte) rompe con la simbolización y el acting out más bien sobreactúa puntualmente para recuperar el foco de la atención.
Ejemplos trágicos de pasaje al acto son las huidas hacia conductas agresivas (suicidio, a veces homicidio) o autodestructivas. En el currículum de Freud puede interpretarse como pasaje al acto el caso de Viktor Tausk. Entre los analizantes de Laca, Lucien Sebag podría ser otro ejemplo.
Como apunta la expresión, el acting out es una forma de actuación. ¿No son manifestaciones precoces de acting out todo este conocido catálogo de rabietas con las que los niños descargan su frustración con el ánimo de llamar la atención de los padres?
Recuerdo una escena en un centro comercial. Un niñito se enfurruñó, empezó a patalear y se tiró al suelo con violencia. La madre, impotente, no pudo disuadirlo. Y como solución límite le amenazaba: «si no dejas de golpearte, llamaré a la policía.»
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