La nueva pirámide nutricional: Trump manda también en la dieta

Nueva pirámide nutricional

470 palabras, 2 minutos de tiempo de lectura.

El mundo patas arriba. O mejor dicho: el mundo para atrás. Vuelta a la lógica imperialista. La lógica de la fuerza, el método de la guerra («Groenlandia será nuestra, por las buenas o por las malas»)
El caos aparente (Venezuela invadida y bombardeada, para al día siguiente imponer la continuidad chavista), la aparición constante en los medios que proyecta una imagen de omnipresencia y actividad frenética: terreno abonado a las decisiones más personales y arbitrarias.

Esto era en la política. Ahora también en la nutrición. El gobierno Trump ha presentado la nueva pirámide nutricional, que invierte la anterior, que la pone literalmente patas arriba.

Por una parte, los hombres pueden beber alcohol y por otra Pepsi se apunta a lo healthy añadiendo fibra y proteínas a sus bebidas: como decía Lampedusa, algo hay que cambiar para que no cambie nada. Ahora, la extrema derecha populista añade la estrategia de confundir al ciudadano, el vértigo de la sorpresa.

Podrías pensar que se trata de un movimiento económico: la industria del azúcar y los procesados pierden en favor de la industria del Eat Real Food.


El Departamento de Agricultura de Robert Kennedy, Secretario de Salud de EEUU, celebraba el cambio de paradigma así: «Gracias al audaz liderazgo del presidente Trump, por fin estamos reajustando nuestro sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos reales”.
Podrías pensar por tanto que la industria farmacéutica pierde peso en la guerra de la salud, que gana el sector primario. Oh, casualidad, la América profunda que más apoya a Trump.

Sembrar pistas, gobernar con prisas, aturullar al personal. Despertar esperanza y la ilusión del cambio, que no es sino regreso al pasado. MAGA (Make America great again) tiene su correspondiente MAHA (Make America Healthy again): volver, volver, volver.

Los nutricionistas hasta ahora vanguardistas (azúcar asesino, carbohidratos malos, carne roja buena, huevos buenísimos) lo celebran en las redes. Uno de ellos (2 millones de seguidores en Instagram) celebraba unos días antes y con mayor entusiasmo la operación Venezuela: «Sea lo que sea, me siento parte de esta lucha por la libertad, y al igual que que hicimos en 2014, si esta plataforma sirve a una causa justa y alineada con Dios, así será y servirá.»

Puede que incluso la guerra entre industrias tenga bastante de ficción, al fin y al cabo cada vez más el capital globalizado de los Fondos de Inversión mueve el dinero de un sector a otro a la velocidad del rayo.
Ahora sabemos que la industria del tabaco ocultó los efectos asesinos de su producto y pagó a científicos y abogados para mantener el engaño. Como lo ha estado haciendo la industria del azúcar y los alimentos procesados. Pero durante años, décadas, no sabíamos nada de todo esto.

Cada época tiene sus muertos en al armario.

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