415 palabras, 2 minutos de tiempo de lectura.
Documental norteamericano de 120 minutos para PBS (Servicio Público de Radiodifusión)
Dirigida por David Grubin en 2002..
(Ficha en IMDb)
Se trata de un documental divulgativo sobre «Freud-antes-de Freud». Infancia, adolescencia, juventud, primera adultez.
Todo, en torno a la figura del padre: empieza y acaba con el carromato fúnebre y la muerte de Jakob Freud.
Tiene sentido: toda la teoría psicoanalítica freudiana gira en torno a la figura del padre.
Del Padre que organiza y soporta la estructura simbólica y existencial. De la traición al Padre. De la culpa por haberlo querido matar. Los mitos de Edipo y Moisés.
Freud despertó a la revelación del Inconsciente mediante el golpe que supuso la muerte de su padre. Le afectó como nunca hubiese imaginado y disparó el proceso del autoanálisis que estableció el método psicoanalítico.
El documental recoge el conocido episodio en que Freud se avergüenza de su padre cuando un ciudadano cristiano le desprecia por la calle al grito de «Judío!» tirándole el sombrero al barro. Lo poco orgulloso que se sentía de su padre, un comerciante que en sus últimos años, desempleado, vivió de la beneficiencia de sus parientes. También se insinúa el oscurantismo que supuso para el niño Freud la vida familiar de su padre antes de casarse con su madre. Dos matrimonios (uno de llos, silenciado), dos hijos mayores.
Por la película desfilan la profecía de una vieja en su pueblo natal, los cambios de residencia en los primeros años, un ambiente familiar de pobreza. Dudas sobre el pretendido idilio entre Freud y su madre: él no asistió al funeral cuando ella murió a los casi 100 años.
Breuer, la investigación sobre la histeria, el caso Katharina, Fliess…
Una caracterización aguda sobre la realidad social de Freud y la familia que formó. Él, claramente antimoderno,dio la espalda a toda la revolución vanguardista que se produjo en Viena a finales del siglo XIX. Era una persona organizada y formal, al estilo de la clase media más conservadora. Su esposa, aún más tradicional, era ajena a las investigaciones de Freud, que consideraba licenciosas.
Y junto a tanta aparente estabilidad, las migrañas o el miedo a muerte prematura. La histeria de juventud. La cocaína. Los trenes, a los que Freud tenía alergia, funcionan aquí como leit motiv de este mundo íntimo angustiado.
Especialmente interesante es la colaboración de Sophie Freud, la última nieta superviviente del patriarca, al que retrata con espíritu crítico.
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