Emma Eckstein (“Irma”)

Emma Eckstein

490 palabras, 3 minutos de tiempo de lectura.

Los Estudios sobre la histeria (1895) de Freud y Breuer incorporan cinco historiales clínicos:
Anna O., Emmy von N., Lucy R., Katharina y Elisabeth von R.

El caso Dora (Fragmento de análisis de un caso de histeria, 1905) fue publicado por Freud mucho más tarde.
Después vendría el caso del Hombre de las Ratas (Análisis de un caso de neurosis obsesiva, 1909) y el del Hombre de los Lobos (De la historia de una neurosis infantil, 1918)

Pero Freud nunca publicó el caso Emma. O «Irma», tal como es citado en el sueño que le reveló la clave para la interpretación de los sueños.
En su Proyecto de psicología científica (1895), Freud presentó su fobia a las tiendas en un capítulo como ejemplo de «Hysterische Proton Pseudos», pero el manuscrito nunca se publicó durante su vida.

Emma Eckstein (1865-1924) pertenecía a una importante familia socialista, judía por supuesto, amiga de los Freud. Su hermano Gustav Eckstein era el líder del Partido Socialista. Su hermana Therese Schlesinger, también socialista, fue una de las primeras mujeres miembros del Parlamento. Su hermano Frederick Eckstein era un destacado especialista en sánscrito.

Emma fue víctima de los experimentos de Fliess y Freud. Había acudido a Freud en 1892 por sus molestias crónicas de estómago y hemorragias menstruales. Diagnóstico: histeria, como consecuencia de una masturbación compulsiva. Pero como no mejoraba, tres años después pasó a diagnosticar neurosis nasal refleja siguiendo las lunáticas afirmaciones de su colega cirujano Wilhelm Fliess . Lunáticas porque todo en la mujer, según él, estaba basado en el número 28.

Freud y Fliess acordaron practicar a Emma una de sus revolucionarias intervenciones: operar los cornetes de la nariz producía la curación de los desarreglos orgánicos y psíquicos relacionados con los genitales.
Así como los antiguos pensaban que la histeria femenina estaba localizada en un útero desorientado que se movía por dentro del cuerpo, a Fliess le dio por asociar nariz y sexo.

Resultado: un caso de encarnizamiento terapéutico. Emma sangraba, tenía migraña y despedía un olor fétiudo. Se le había infectado la nariz porque Fliess había olvidado reitrar la gasa. Medio metro de gasa. Emma, como resultado, quedó con la cara desfigurada. Y siguieron los males crónicos.

No fue suficiente para debilitar la fe de Freud, que achacaba esta catástrofe médica a la sexualidad reprimida de Emma. Tampoco ella se revolvió contra sus agresores. De hecho, al cabo de unos años, se formó como psicoanalista aunque ejerció unos pocos años.

Freud insitió en que ella retomase el análisis (¿otra forma de encarnizamiento?), sin éxito.

Emma siguió militando activamente en la causa feminista y publicó un libro sobre la educación sexual infantil (Die Sexualfrage in der Erziehung des Kindes, 1904), en el que no cita a Freud.

Una nueva cirugía la dejó inválida en 1910 , lo que la obligó a guardar cama, de donde ya no se levantó hasta morir quince años después.

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